Colección Mujeres a la Vanguardia

1997 es un año clave en la historia de FICValdivia. En la Competencia Internacional de Video irrumpían Marialy Rivas y Vivienne Barry, con dos obras totalmente visionarias y adelantadas a su época: Desde Siempre y Deriva.
El primero era absolutamente pionero y transgresor, a nivel temático literalmente ponía en escena un tema totalmente tabú para la época como la homosexualidad, pero a su vez no estaba realizado como un documental clásico, y con menos de 20 años Marialy Rivas demostraba una pericia en la puesta en escena y una libertad para quebrar las aparentres reglas del cine de lo real apabullantes.
Por su parte, Vivienne Barry confirmaba aquel talento sin igual que ya la había catapultado como una figura central de la animación chilena gracias a su reconocido y emblemático trabajo para la televisión Tata Colores, con una obra sumamente personal en técnica de collage en donde a través del rol protagónico de una niña ponía en el centro el rol preasignado con que la sociedad destina la vida de la mujer. En un país como el nuestro en donde el propio rol de la mujer cineasta no estaba (ni está aún) asentado, Deriva se transformaba en un frágil pero potente llamado de atención.
El nuevo siglo traerá consigo nuevas miradas, nuevas formas de asociación y técnicas cinematográficas, y una misma lucha. Así como Deriva se centraba en una niña, desde España la directora chilena Carolina Astudillo debutaba con un film lírico y estremecedor sobre una cárcel de mujeres durante la dictadura franquista, rescatando de las sombras una historia oculta gracias a los recuerdos de niñez de quienes fueron los familiares de las presas, los cuales combina con material de archivo para entregarnos un documento de resistencia y un recordatorio de nunca olvidar.
Y si Desde Siempre se instalaba desde la temática gay, La ducha hacía lo propio desde lo lésbico, en base a la historia del quiebre amoroso entre dos mujeres. Pepa San Martín se había transformado en una de las asistentes de dirección más importantes del país, y en un mundo de rodajes dominados por hombres decidió dar el salto y llevar al cine aquella fuerza y sensibilidad que la caracterizaba a la hora de trabajar para otros, pero esta vez comandado su propia visión para iniciar su carrera como cineasta con una mirada solidaria, conciente y colaborativa.
Hoy, cuando muchos de estos temas se hacen más presentes que nunca, a través de esta colección hemos querido destacar el trabajo de muchísimas directoras que fueron capaces de plasmar en sus obras aquellas historias no resueltas como sociedad y que contribuyeron justamente a generar desde el cine la posibilidad de develar y descubrir para construir un mejor país.