Colección Sebastián Lelio

Hace 17 años un joven cineasta experimentaba con una forma de ver el cine cuyas esquirlas alcanzarían a los asistentes del Festival de Valdivia de ese año. Allí, bajo el nombre de Carga vital (2003) se exhibía un cortometraje que marcaba un quiebre en el cine chileno, ya que se alejaba tanto del tono academicista-literario como de aquella generación anterior que había vivido el dolor del golpe militar y que giraba en torno a esa herida sin vislumbrar los acontecimientos del presente. Pero aquel novel director no era un extraño para Valdivia: ya había presentado Cuatro (1996), Música de cámara (1997) y Ciudad de maravillas (2002) en nuestro Festival.
Personajes femeninos fuertes, la relación padres/hijos, los elementos religiosos y las temáticas controversiales a ojos de la conservadora sociedad chilena ya comenzaban a vislumbrarse en sus obras de inicios del siglo y se confirmarían en su primer largometraje La sagrada familia (2005), que mantenía ese “nervio”, esa manera viva de filmar propia del nuevo cine chileno y de las nuevas olas cinematográficas, pero trocando la calle por los espacios cerrados y el contexto de fines de los 60’/inicios de los 70’ por el Chile actual. Nacía algo completamente “nuevo” desde la tradición de lo “viejo”, en un proceso de renovación generacional, temática y cinematográfica que posteriormente fue llamado “El novísimo cine chileno”. Sebastián Campos se transformaba en el nombre del momento, y sin embargo él mismo a sabiendas del riesgo que implicaba, decidió cambiar su apellido por el de Lelio, a manera de poner en orden su propio origen e identidad.
Así Sebastián Lelio no solo entendía perfectamente su origen, sino que tenía claridad con respecto a un método de trabajo que lo llevaría a firmar con su recuperado nombre Navidad (2009), en donde mantiene los rasgos previamente descritos de su cine y suma a tres colaboradores que resultarán vitales en su filmografía: el reencuentro con Benjamín Echazarreta (director de fotografía de sus notables dos primeros cortometrajes), Soledad Salfate (montaje) y Gonzalo Maza (guión).
Hoy compartimos con ustedes esa historia inicial antes de (la) Gloria, antes del Oscar y de la carrera internacional de un cineasta que como nadie de su generación siempre tuvo conciencia de la importancia de nuestro cine, por que tal como el mismo lo dijo:
“Si queremos que el Cine Chileno continúe floreciendo, es esencial que conozcamos su historia. Radical viene de raíz, Original de origen. Sólo entendiendo dónde estamos parados podemos seguir adelante con la posta de nuestro cine. Ahora si que podemos ser totalmente originales o ferozmente radicales. Ahora si que podemos filmar como nos dé la gana”.